Esta historia está basada en una entrevista realizada a Antonio Lara Duque, fundador del Centro de Derechos Humanos Zeferino Ladrillero
A principios de 2012, en una cafetería de la colonia Del Valle, cuatro personas platicaban sobre la necesidad de crear una organización que defendiera los derechos de los pueblos oprimidos del Estado de México, algo que hasta entonces no existía. Ninguno lo sabía todavía, pero en esa conversación estaban sembrando la semilla de lo que pronto se convertiría en el Centro de Derechos Humanos (CDH) Zeferino Ladrillero.
Entre las personas reunidas había integrantes de la Alianza Única del Valle, una organización que defendía el derecho a una vivienda digna para las clases populares en los municipios de Nicolás Romero, Atizapán de Zaragoza y Naucalpan.
Al no estar alineados con los gobiernos de estos municipios, de extracción priista, los integrantes enfrentaban en carne propia la persecución y criminalización.
En apenas dos años, la organización social a la que pertenecían había sumado unas 50 personas detenidas y el desgaste organizativo ya era evidente.
Su preocupación eran las elecciones de 2012 y el inminente regreso del PRI a la Presidencia de la República, con Enrique Peña Nieto.
Para los activistas y defensores, ese pronóstico electoral tenía un significado muy concreto: más control institucional, más persecución y más personas en prisión.
De ahí, que el comité de defensa legal de la Alianza Única del Valle entendió que ya no era suficiente una organización social que estuviera en pugna de frente con el gobierno, sino fundar un centro de derechos humanos que ayudara y fortaleciera a otros pueblos.
Él era Zeferino Ladrillero
Para entonces, la Alianza Única del Valle era liderada por Zeferino Ladrillero, el integrante más longevo, quien estaba cerca de los 80 años de edad.
“Don Zefe” era un hombre trabajador de una colonia popular de Naucalpan que apenas cursó algunos años de primaria. Sostuvo a su familia con jornadas dobles de trabajo, a veces como árbitro en partidos de futbol.
Él había encontrado en la organización vecinal la manera de mejorar las condiciones de vida, no solo de su familia, sino también de su comunidad.

Lejos de elegir el nombre de un personaje histórico o de un reconocido jurista para nombrar al centro de derechos humanos que se gestaba, la organización decidió rendir homenaje a un hombre común, pero que representaba el espíritu de lucha: Zeferino Ladrillero.
“Y entonces, por eso se llama así, Centro de Derechos Humanos Zeferino Ladrillero, que nació de la necesidad de fortalecer una lucha que estaba siendo muy agredida, muy hostigada, y desde allí el Centro Zeferino tiene la vocación, digamos, de defender la libertad, la vida, la integridad de quienes luchan por sus derechos.” Antonio Lara Duque, fundador.
Para el Centro, esa historia representa una convicción que sigue vigente: no es necesario tener estudios, ser especialista ni provenir de una familia acomodada para convertirse en defensor de derechos humanos.
Y así fue como, un 29 de junio de 2012, un grupo de jóvenes recién egresados de la Facultad de Estudios Superiores Acatlán de la UNAM vio nacer el Centro de Derechos Humanos Zeferino Ladrillero.
Los derechos humanos como herramienta de liberación
A lo largo de 14 años, el Centro ha construido una visión propia sobre la defensa de los derechos humanos, primordialmente de quienes se encuentran en situación de vulnerabilidad.
“Los derechos humanos tienen que ser vistos como herramientas para la liberación de los pueblos y las personas. Si no sirven para la liberación de los pueblos y las personas, los derechos humanos no sirven de nada.” Lara Duque.
Por ello, su trabajo nunca ha estado dirigido a litigios corporativos o empresariales, sino al acompañamiento de pueblos indígenas, colonias populares, personas privadas injustamente de la libertad y comunidades organizadas.
“Sintéticamente, estamos con los oprimidos y las oprimidas. Son 14 años en los que allí hemos estado.” Lara Duque.

El primer pueblo indígena que acudió al CDH Zeferino Ladrillero fue San Francisco Magú, en Nicolás Romero, Estado de México. A la fecha, caminan juntos en defensa del bosque.
Lo que comenzó con un solo proceso terminó convirtiéndose, con el paso de los años, en una red de acompañamiento que actualmente abarca alrededor de 50 procesos en diez estados del país, de acuerdo con la organización.
De Tlanixco a “Haz Valer Mi Libertad”
Entre los casos que marcaron la historia del Centro destaca la defensa de seis indígenas de San Pedro Tlanixco, sentenciados a más de 50 años de prisión por un homicidio que no cometieron.
Cuando el Centro de Derechos Humanos Zeferino Ladrillero asumió el caso en 2015, las sentencias ya estaban dictadas y las posibilidades jurídicas parecían mínimas. Sin embargo, tras cuatro años de litigio consiguieron revertir las condenas y demostrar la inocencia de los seis integrantes de la comunidad, quienes recuperaron su libertad en 2019 sin antecedentes penales.

Ese caso, dice Lara Duque, abrió el camino para el movimiento “Haz Valer Mi Libertad”, que posteriormente impulsaría la revisión de decenas de casos de personas encarceladas injustamente en el Estado de México.

Agua, pueblos indígenas y libertad
La defensa del agua se convirtió también en uno de los ejes de la organización. Uno de los casos más representativos ocurrió en Coyotepec, un municipio ubicado al norte del Estado de México, donde la comunidad enfrentó violencia, homicidios de defensores y procesos penales durante la disputa por el control del sistema comunitario de agua.

Hoy, afirma el Centro, la administración comunitaria del recurso permanece en manos de la población. En materia indígena, la organización considera que en estos años ha sido testigo de un cambio institucional importante en el Estado de México.
Cuando inició sus actividades, recuerdan, era común encontrar jueces o magistrados sin formación en derechos indígenas y prácticamente no existían intérpretes especializados. Actualmente existe una Sala de Asuntos Indígenas dentro del Poder Judicial estatal, avance que consideran resultado de años de presión y acompañamiento de distintas comunidades.
Una organización que vive donde se lucha
El Centro estima que, durante sus primeros 14 años, ha contribuido a la liberación de aproximadamente 150 personas privadas de la libertad de manera injusta.

Además, asegura que ninguno de los sistemas comunitarios de agua que ha acompañado ha perdido su administración comunitaria y que los pueblos indígenas con los que trabaja mantienen sus sistemas normativos internos y la defensa de sus territorios.
Pero, más allá de las cifras, hay una característica que distingue a la organización. Mientras muchas organizaciones de derechos humanos tienen su sede en la Ciudad de México, los integrantes del Zeferino Ladrillero viven en las mismas comunidades donde acompañan las luchas sociales. No regresan a una oficina al terminar una jornada de trabajo.
Permanecen en la periferia, en las colonias populares y en los pueblos donde surgen los conflictos que documentan y acompañan.

La organización como herramienta
Después de 14 años, el Centro resume su experiencia en una sola palabra: organización. Considera que esa ha sido la herramienta que permite a comunidades indígenas, defensores del agua, colectivos y personas criminalizadas enfrentar procesos judiciales, construir estrategias de comunicación, fortalecer mecanismos de protección y sostener luchas que, en muchos casos, parecían destinadas al fracaso.

En un contexto donde la defensa de los derechos humanos continúa enfrentando riesgos, el Zeferino Ladrillero sostiene que su misión permanece intacta desde aquella conversación ocurrida hace más de una década: acompañar a quienes luchan por sus derechos y demostrar que la defensa de la dignidad también puede construirse desde la periferia.
El Centro de Derechos Humanos Zeferino Ladrillero cumple 14 años defendiendo a pueblos indígenas, sistemas comunitarios de agua y personas criminalizadas, con cerca de 150 liberaciones logradas.
Ahora busca fortalecer e incrementar la capacidad organizativa en todas las regiones del Estado de México donde tiene presencia.
